Un plan de alimentación con menos carne te ayudará a vivir más tiempo, según la ciencia

Ya sea un grueso solomillo, un costillar de cerdo o un trozo de pollo frito del sur, el amor del mundo por la carne no va a desaparecer pronto.

Aunque los planes de dieta vegetariana van en aumento, la carne sigue siendo muy popular y se considera buena para nosotros: en particular, un estudio de Frontier Psychology sugiere que los hombres son más propensos a considerar la carne como algo «saludable», y comen más de ella que las mujeres.

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No estamos diciendo que la carne no sea saludable, cuando se come con moderación: tanto la carne roja como la blanca contienen algunas cosas nutricionales muy importantes, como proteínas (los componentes de los músculos), hierro y muchos ácidos grasos beneficiosos. Sin embargo, con demasiada frecuencia consideramos la carne como nuestra única fuente de proteínas.

En un estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine, los investigadores analizaron todas las causas de muerte prematura y las cruzaron con quienes comían más proteínas animales o vegetales. El estudio descubrió que la sustitución de la proteína animal por la vegetal se asociaba a un menor riesgo de mortalidad total, relacionada con el cáncer y con las enfermedades cardiovasculares.

Los frutos secos son una gran fuente de proteínas

Estos resultados son significativos. Aunque se cree que comer carne es bueno para la salud, el estudio, que analizó a 70.696 adultos japoneses, sugiere que cambiar a formas alternativas de proteínas ayudará a esquivar muchos riesgos cardiovasculares y de cáncer.

Entre las buenas fuentes de proteínas vegetales están los guisantes (que contienen nueve gramos de proteínas por taza), las alubias, las lentejas, el tofu, la avena y los frutos secos.

La relación entre la carne y el cáncer

Las carnes procesadas, como el beicon, las salchichas, el jamón, los patés y la carne en conserva, son causas confirmadas de cáncer. Un estudio publicado por Cancer Research descubrió que las carnes procesadas se consideraban cancerígenas, y que su consumo estaba relacionado con un aumento del 17% del cáncer de intestino.

Las carnes rojas no se consideran tan peligrosas como la carne procesada, pero se han clasificado en la categoría 2A, que se considera una «causa probable» de cáncer sin que se confirme que son cancerígenas.

Las carnes más magras, como el pollo y el pescado, se consideran «más seguras». Merece la pena reducir la cantidad de carnes rojas y procesadas en su dieta, cambiando por carnes más magras y fuentes de proteínas vegetarianas.

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